11 de septiembre de 2010

La misma historia una y otra vez,
y el destino siempre ha de tomarla por sorpresa.
Cuando más convencida está de haber olvidado,
se aparece en su puerta el pasado.
Desde el fin del mundo ha regresado
y aun no sabemos si es para bien o si es para mal.
Lo extraña, lo necesita, lo quiere, lo ama.
El regresa tan puntual como las estaciones,
tan presente en su mente como el sol o la luna.

Ahora en aquella tarde fría mientras llora,
hay recuerdos, risas y llantos, discuciones y disculpas.
Ahí está ella como siempre, esperando a que regrese,
es ella, un pasado, un corazón roto y su amado.

Llega la inevitable noche y con alivio ve que la
luna está presente para ella.
Ella se transforma, se vuelve de hielo,
deja caer en forma de cristales la amargura que
lleva como penitencia por amar con locura.

Sigue pasando el tiempo,
infame reloj que no la deja vivir en paz.
El volverá, ella lo sabe, pero aun no sabe si
eso será para bien o para mal...
...lo único de lo que está segura es que siempre
su corazón muerto le amará.

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