Y la felicidad se fue contigo, con una sola palabra: adiós.
Veo a esa persona que está enfrente,
no me reconosco, no parese suficiente,
no puede ser yo.
Me reflejo, en lo profundo y oscuro de sus ojos,
sus parpados se cierran y dejan caer una lágrima tras otra.
Tiene feos presentimientos,
por las noches no puede dormir,
durante el día se cansa de vivir.
Sigo viendo en el espejo,
en busca de alguna respuesta,
pero su corazón ha dejado de látir, su sonrisa es fría y casi inexistente.
Sufre un amor no correspondido,
sufre una nostalgia y soledad infinita,
sufre de una tristeza que no la deja sonreir sin culpa.
Simplemente, ya no vive...
...ni siquiera está segura de su existencia.
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