Ni los médicos, ni las medicinas me mantenían con vida,
sino el hecho (la esperanza) de poder verte todos los días,
ver tu sonrisa, escuchar tu voz, saber que estabas bien.
Y ahora, con tu indiferencia, con la distancia, la soledad... no me queda nada.
¿Quién podrá regresarme la vida?
Vuelve, mírame, quiereme...
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